mindfulness

Cómo el mindfulness está aumentando mi calidad de vida y de comunicación

Los propósitos de año nuevo son un clásico.

Sin embargo, son muy pocos (o ninguno) los que acabamos cumpliendo.

Yo, desde hace unos años, prefiero ponerme objetivos antes que propósitos.

Los propósitos me suenan a deseo, a “si los astros se alinean y tengo suerte, entonces lo haré”.

Los objetivos bien planteados, en cambio, siempre se me han hecho más fáciles de cumplir, porque me marcan un punto de llegada y vienen acompañados de una estrategia para alcanzarlo.

Y esto me ha servido para todo tipo de planes; para los que tienen que ver con mejorar como comunicadora y para los que no van en esa línea.

 

Uno de mis objetivos para 2016

Hace unas semanas te contaba cuáles eran mis deseos y objetivos para el año 2016.

Aunque no hice referencia a él porque lo considero propio del plano personal, entre esos objetivos estaba el de meditar.

Cuando me lo propuse, este objetivo formaba parte de un plan mayor de hábitos entre los que se incluyen hacer yoga, modificar mis horarios para levantarme y acostarme antes y escribir todos los días en mi diario, entre otros.

Todo este cambio de hábitos está motivado por un objetivo mayor: aumentar tanto la productividad en mi trabajo como mi calidad de vida a nivel emocional.

En realidad, yo ya había intentado meditar otras veces en mi vida. La primera fue en 2011, y la verdad es que cumplí con mi propósito durante varias semanas, pero luego acabé abandonándolo por desgana y falta de foco.

Mirando hacia atrás desde 2016 entiendo que la razón por la que no cumplí mi objetivo fue, precisamente, porque no se trataba de un objetivo, sino de un propósito.

Yo quería meditar porque había escuchado que era bueno, que me traería beneficios…

Razones muy vagas, como ves. Pero, sobre todo, el fallo estuvo en que no existía ninguna motivación personal y profunda sobre la que estuviera construido el deseo de meditar. Simplemente iba a hacerlo porque otros me decían que sería bueno, pero… ¿bueno para qué? ¿Y bueno para quién?

 

La importancia de especificar tus objetivos para mejorar como comunicador

Cuando nos planteamos objetivos, nos conviene tratar de ser lo más específicos posible.

Sobre todo, tenemos que intentar descubrir para qué queremos hacer algo.

Cuando me planteé empezar a meditar en 2011, yo no tenía ningún “para qué”. Sólo seguía las recomendaciones de otros sin cuestionarme qué beneficios concretos tendría para mí la meditación.

Tener un “para qué” nos enfoca hacia lo que queremos conseguir; nos da una visión de cómo será nuestra vida cuando empecemos a notar los beneficios y la satisfacción de nuestros logros.

Mejorar tu comunicación, al igual que mejorar tu calidad de vida a través de la meditación, es un objetivo que no tiene fin. Los beneficios de ambas prácticas son constantes y paulatinos; sólo cuando llevas un largo camino recorrido puedes mirar hacia atrás y comprobar cuán larga es la senda andada y cuánto has aprendido en ella.

Por eso tener un “para qué” es esencial. El “para qué” te motiva y te mantiene anclado en la mejora constante.

Cuando te pongas un objetivo como comunicador, dale siempre un sentido; dale un para qué.

Ejemplos:

  • Objetivo: Quiero aprender a escribir guiones de vídeo.
  • Para qué: Para aumentar mi seguridad ante la cámara.
  • Objetivo: Quiero mejorar mi lenguaje no verbal.
  • Para qué: Para aumentar la cercanía con mi audiencia.
  • Objetivo: Quiero aprender a hablar en público.
  • Para qué: Para mejorar mis relaciones sociales.

El objetivo es algo que quieres hacer; el “para qué” enmarca ese objetivo en una perspectiva más holística, asociada al estilo de vida que quieres llevar y relacionándolo con otros objetivos similares.

 

Cómo el mindfulness está trayendo cambios positivos a mi vida

Además de objetivos, hoy me gustaría continuar hablándote de meditación, o de mindfulness, como ahora se la conoce.

Llevo meditando casi todos los días desde principios de año. Empecé con cinco minutos diarios, nada más despertarme, y ahora ya voy por los diez. ¡Todo un logro para mí!

Los primeros días de práctica me resultaron duros. Introducir un hábito no es fácil, y menos cuando lleva parejo el silencio y la escucha del diálogo interno propio, que no siempre es lo que se dice amable.

Sin embargo, después de casi dos meses de mindfulness empiezo a notar cambios positivos en mi vida cotidiana. Y, lo más importante, comienzo a necesitar de la meditación todas las mañanas.

El día que no lo hago (y han sido muy poquitos los que no he meditado) lo noto en mi estado de ánimo, en mi humor, en mi concentración y en mi productividad.

¿Cuáles están siendo los beneficios del mindfulness en mi vida cotidiana?

  • Mayor escucha de mí misma. Una de las cosas que más me sorprendió durante los primeros días de práctica fue el descubrimiento de lo que me ha dado por llamar “cadenas de pensamiento”. Cuando te paras en silencio a escuchar tu diálogo interno, en pocos días te das cuenta de cómo los pensamientos se entrelazan, de cómo unas ideas te llevan a otras en una sucesión de asociaciones aparentemente absurdas. Observar estas “cadenas de pensamiento” me está permitiendo entender un poquito mejor cómo funciona la lógica de mi mente y cómo me las apaño para llegar de un pensamiento A a un pensamiento B sin ser consciente de ello. ¿Aplicaciones de esto?
    • Comprensión de mis embrollos mentales. A todos nos ha pasado que, de repente, nos hemos sorprendido atascados en un atolladero mental al que no sabemos cómo hemos llegado y del que no sabemos cómo salir. Pero, si comprendes qué pensamientos has hilado para dar a parar en ese lugar, puedes estirar del hilo para recorrer el camino inverso y recuperar la claridad mental. Por ejemplo, si un día te bloqueas por primera vez ante la cámara y estás entrenado en observar tus pensamientos, serás más capaz de comprender cómo has desarrollado ese miedo y deshacerlo poco a poco.
    • Creatividad. Todos unimos pensamientos inconscientemente; nuestras “cadenas de pensamiento” casi siempre son involuntarias. Cuando queremos crear y poner en marcha nuestra imaginación, lo que solemos hacer es forzar esas cadenas de pensamiento, es decir, unir ideas de manera consciente. Si practicas midnfulness estarás habituado a observar cómo funcionan tus asociaciones mentales y podrás, por tanto, acceder a tu inconsciente para desarrollar ideas creativas con mayor agilidad y sencillez.
  • Mayor autoconocimiento. Parece magia, pero cuando haces mindfulness o meditas, con el paso de las semanas van apareciendo “verdades” o “revelaciones” sobre ti mismo que siempre habían estado ahí, pero a las que resultaba complicado acceder. Es normal; si te paras a escucharte, a sentirte y a estar a solas contigo mismo en plena presencia, emergen partes de ti que el estrés, las prisas y las creencias propias y sociales se ocupan de reprimir en tu día a día. Meditar me está permitiendo conocerme mejor: mis defectos, mis virtudes, los hábitos que quiero cambiar, mis esquemas de pensamiento, mi forma de relacionarme conmigo misma y con el mundo…
  • Mayores concentración, foco y productividad. Desde que hago mindfulness rindo muchísimo más en el trabajo. Imagino que el hecho de pararme a acompañarme durante diez minutos diarios me permite estar más centrada en todo lo que no tiene que ver exclusivamente conmigo misma durante las horas en que quiero dedicarme a trabajar. Los que tenéis gato entenderéis de qué hablo; cuando el gato quiere mimos, no te va a dejar en paz hasta que lo acaricies un rato. Se subirá encima de ti, ronroneará, te perseguirá por la casa… y sólo se calmará cuando te sientes y le des los mimos que te está pidiendo. Lo mismo creo que pasa con nuestra mente; hasta que no la atendemos y la escuchamos, no nos deja en paz con preocupaciones, “tengo ques” y estreses varios. Antes que la agenda o la organización por tareas, el mindfulness mañanero es el mejor remedio que he encontrado hasta el momento para mantener mi productividad a los niveles en que necesito que esté.
  • Mayor poder de gestión de mis propias emociones. Una de mis debilidades con las que siempre he estado en lucha ha sido mi facilidad para ponerme de mala leche. Puedo estar de lo más contenta en un momento, y, al siguiente, por cualquier tontería y casi sin razón aparente, quedar atrapada en una espiral de mal humor de la que no soy capaz de desanclarme. O, mejor dicho, de la que no era capaz de desanclarme. Hasta a mí me parece increíble, pero en las últimas semanas he logrado cumplir lo que tantas veces me había propuesto, sin éxito, en mi vida: cambiar el estado del mal humor por el de la serenidad y la neutralidad. Por fin empieza a funcionar el “Irene, venga, no tiene sentido que te pongas de mala leche por esto”. La frase tantas veces repetida a mí misma comienza a hacer efecto, y sólo se me ocurre relacionar este hito con la práctica del mindfulness.
  • Mayor conciencia de mi comunicación. Éste es un blog de comunicación, así que no puedo dejar de nombrar este beneficio. Desde que hago mindfulness soy mucho más consciente de cómo me comunico tanto con los demás como conmigo misma. El mindfulness entrena la concentración y la autoconciencia; observarte a ti mismo durante diez minutos diarios crea un hábito de observación y alerta cuyos efectos no acaban cuando abres los ojos y pasas a otra cosa, sino que dejan una inercia que dura todo el día. Por eso ahora soy capaz de escucharme mucho más cuando dialogo con otras personas, cuando me pongo ante la cámara y cuando me hablo a mí misma. Soy más capaz de entender qué quiero decir realmente con las cosas que digo, cómo podría optimizar mis lenguajes verbal y no verbal y cuál es el efecto que mi comunicación tiene tanto en mí misma como en mis interlocutores.
  • Mayor serenidad. El mindfulness está calmando el ritmo de mi mente, que es la que conduce mi cuerpo, mis acciones, mis relaciones… en resumen, mi vida. Al ralentizar el ritmo de mis pensamientos, me siento más calmada y preparada para afrontar con serenidad cualquier reto que se me ponga por delante.

Éstos son los beneficios que he notado con apenas dos meses de práctica de mindfulness (casi) diario. Si hubiera leído mi propia lista de beneficios hace unos cuantos meses, estoy segura de que no habría esperado a 2016 para implantar este hábito en mi vida.

 

Tú también puedes conseguir estos beneficios a través del mindfulness

Hasta hace poco, mi práctica de mindfulness consistía en sentarme en una banqueta en silencio durante diez minutos diarios a observarme y escucharme de la forma más consciente posible.

Hace unos días, sin embargo, mi amiga Ana Vico me envió su curso Mindfulness #30 días. Desde entonces tengo una guía que me lleva de la mano en la práctica de la meditación, y los beneficios que te he enumerado antes se han acelerado y multiplicado.

Por si no la conoces, Ana Vico es psicóloga, coach y experta en emociones. Es una apasionada del mindfulness y una divulgadora nata de los beneficios que la práctica de la meditación puede traer a tu vida.

Para democratizar el mindfulness, Ana acaba de lanzar su curso Mindfulness #30 días en el que te va a ayudar a implantar el hábito de la meditación en tu vida cotidiana para que puedas disfrutar de los mismos beneficios que yo ya estoy saboreando.

El curso de Ana está compuesto por 30 audios, todos diferentes, asociados cada uno a emociones o acicones con las que todos estamos familiarizados: la relajación, los sonidos, la comida, el aseo personal, la gratitud…

Cada uno de estos audios te va a ayudar a mejorar un área de tu vida. El objetivo es que escuches uno por día durante 30 días y, a partir de ahí, repitas el proceso cuantas veces quieras en el orden que desees.

Además, Ana acompaña el curso de un calendario imprimible en el que puedes registrar cómo ha ido cada práctica y cómo han mejorado tus niveles de estrés a lo largo del curso.

Aprovecha ahora para llevarte el curso Mindfulness #30 días, porque Ana ha hecho un precio que no encontrarás en ningún otro lugar.


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Yo ya lo estoy disfrutando. Y tú, ¿cuándo vas a empezar a mejorar tu vida a todos los niveles? Ana Vico te lo pone fácil. Clica aquí y empieza a notar los beneficios del mindfulness con un solo click.

Irene
irene@tecomunicas.com

Apasionada de la literatura, especialista en copywriting y storytelling. Comunicadora nata. Quiero que te vuelvas a enamorar de tu negocio literario y lo haré poniendo mis herramientas a tu servicio para que aumentes tus ventas y consigas clientes recurrentes.

2 Comentarios
  • Tere
    Publicado a las 14:52h, 23 febrero Responder

    Hola Irene!
    Tu artículo me viene a recordar que meditar todos los días era uno de mis propósitos este año.
    Siempre pienso que lo quiero hacer, no paro de leer sobre ello y lo bueno que es para todo .
    Me propondré eso, 5 minutos (que no es poco cuando se trata de estar en silencio y en verdadero contacto con una misma).
    Gracias por tu motivación!

    • Irene
      Publicado a las 11:10h, 24 febrero Responder

      Hola, Tere!

      Qué bien que este artículo te haya hecho recordar tu objetivo de meditar! Yo, cuando me lo propuse hace años, no lo conseguí, entre otras, porque me obligué a empezar con mucho tiempo: nada más y nada menos que 20 minutos por la mañana y otros 20 antes de irme a dormir. Era muy frustrante ver que no podía ni aguantar 2 minutos sin desesperarme por no estar «consiguiendo» nada (como si se tratara de conseguir algo). Por eso, en esta ocasión he preferido empezar con poco. 5 minutos es perfecto, creo yo. Ahora, como digo en el artículo, voy por los 10, y no aumentaré el tiempo hasta no estar segura de que puedo aguantarlo sin frustraciones. Como dices, 5 minutos ya es mucho para la sociedad acelerada en la que vivimos!

      Ya me irás contando qué tal te va con el mindfulness. ¡Un abrazo!

      Irene

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