miedo escénico

¿Por qué tengo miedo escénico?

El miedo escénico. Esa bestia negra que nos posee cuando salimos a hablar en público o nos ponemos delante de una cámara.

Detrás del miedo escénico puede haber muchos y distintos pensamientos. Sin embargo, he comprobado que hay varios que se repiten con frecuencia. Yo los he agrupado en dos categorías: la primera hace referencia al público, y la segunda, a las predicciones.

 

El miedo escénico relativo al público o la audiencia

Los miedos que conciernen al público son una trampa que tu astuta mente, que no quiere sufrir, se pone a ella misma.

Te lo explicaré. Tú tienes unos miedos y unas inseguridades. Como reconocerlos –y ya no digo aceptarlos- sería un insulto a tu orgullo, se los endosas a otros.

¿A quiénes? A los que tienes más a mano: a tu público o a tu audiencia.

Esto es una versión sofisticada de aquello de “ver la paja en el ojo ajeno”.

Por supuesto, se trata de un proceso inconsciente. Si te dieras cuenta quizás querrías cambiarlo, y pondrías conciencia en el automatismo para dejar progresivamente de practicarlo.

Pero ¿cómo endosas tus propios miedos al público? ¿Cómo es posible hacer esto? Te lo voy a mostrar viendo tres ejemplos de miedos comunes relativos al público.

  • “Me van a juzgar”. O, lo que es lo mismo, “me juzgo”. Porque no estás convencido de lo que vas a hacer, porque no te gusta o porque no va contigo, no es producto de tu autenticidad. Porque no coincide con tus valores o porque no te expresa al cien por cien. Como reconocer todo esto es incómodo y supondría modificar de lleno tu guion e incluso renunciar a la presentación o al vídeo, haces el trasvase del juicio desde ti hacia tu público. Y aparece el miedo escénico.
  • “No les voy a convencer”. Sinónimo de “no me creo nada de lo que estoy diciendo”. Cuando estás convencido de lo que haces y dices, te da igual lo que piensen los demás. Es tu convicción y punto –esto no significa que no estés dispuesto a cambiarla si aparece una opción que te convence más-. Cuando no te crees a ti mismo es cuando aparecen las inseguridades y los pensamientos de este tipo. ¿A quién necesitas convencer para convencerte a ti mismo de que estás en lo cierto?
  • “Me van a boicotear”. Este miedo es una mezcla de los dos anteriores, y nace de los pensamientos de juicio y poca convicción sobre lo que vas a hacer en el escenario o ante la cámara. En realidad, al que le gustaría boicotear tu presentación eres tú mismo, pero como crees que no puedes hacerlo, temes que otros lo hagan… y, secretamente, lo deseas. Parece enrevesado, pero piénsalo y verás como tiene lógica.

Estos miedos, y los que vienen a continuación, tienen mucha más tela detrás, pero es mejor no cortarla toda de golpe. Yo te he dado algunas pistas para que tú mismo ahondes en tus propios miedos como comunicador y descubras tus propias razones y los pensamientos que los generan.

 

Las predicciones

En realidad, y si nos paramos a analizarlo, cualquier miedo escénico es una predicción: es algo que crees que va a suceder.

En tu público, en tu audiencia, focalizas gran parte de tus inseguridades. ¿Y dónde te guardas el resto?

Pues con ellas creas miedos de otro tipo: predicciones al respecto de lo que te va a pasar a ti como comunicador cuando hagas tu presentación o te pongas ante la cámara.

Estas predicciones, si las analizas, te van a indicar no sólo fallas de preparación, sino también, y sobre todo, inseguridades más profundas relacionadas con tus creencias. Vamos a ver tres ejemplos.

  • “Me voy a quedar en blanco”. La reina de las predicciones del miedo escénico. ¿Quién no ha pensado alguna vez que iba a olvidar parte del contenido de su guion? Aunque a veces este miedo señala falta de preparación (no haber ensayado lo suficiente, no tener bien memorizado el contenido, etc.), la mayoría de veces apunta a inseguridades mayores: “no soy capaz”, “no sé hacerlo”, “no estoy preparado”. 
  • “Me voy a poner nervioso”. Miedo muy relacionado con el anterior. Puede denotar falta de preparación o bien hacer referencia a experiencias anteriores en las que te hayas puesto nervioso al hablar en público o al hablarle a la cámara. ¿Qué pensamientos pueden estar detrás de esta predicción? “No lo llevo controlado”, “me van a juzgar” –o, como ya sabes, “me juzgo”-, “ya me ha pasado otras veces”, etc.
  • “Me va a salir mal”. Otra variante del “me voy a quedar en blanco”. Ahora te toca a ti ahondar en los pensamientos que pueden propiciar esta predicción. ¿Te das cuenta de lo útil que es hacer consciente lo inconsciente, elucubrar sobre qué cosas que navegan por tu mente están creando los miedos que antes considerabas indómitos?

Todas las predicciones comparten una característica: pueden convertirse fácilmente en profecías autocumplidas

Si piensas que te vas a poner nervioso, generarás hormonas del estrés y te sentirás nervioso. Si piensas que te va a salir mal, tu mente obviará toda la información que pruebe que las cosas están yendo bien y se fijará solamente en lo que no está saliendo como esperabas.

Hace poco escuché una frase que me gustó: “En la vida, tienes lo que crees que puedes tener”. Tus profecías crean tu realidad. Hay profecías que generan malestar y otras que generan bienestar: ¿Cuáles quieres que se cumplan?

 

Cómo nos gusta autoexigirnos

Pero el miedo escénico no parte solamente de falta de preparación y de inseguridades personales. A veces también lo generas cuando mantienes sobre ti mismo unas expectativas demasiado altas para tu nivel actual.

Pienso que es positivo exigirse a uno mismo más de lo que puede dar. Si siempre te quedas en lo que ya sabes hacer, no avanzas ni aprendes: estás en tu famosa zona de confort, en la que te mueves como pez en el agua, pero en la que no hay retos ni motivación por hacer nada nuevo.

Sin embargo, a veces nos pasamos de autoexigencia y acabamos exhaustos, frustrados y preguntándonos cómo es posible que no hayamos podido cumplir lo que nos proponíamos.

Sé de lo que hablo porque yo misma soy muy autoexigente, y a veces tengo que parar, reflexionar y darme cuenta de que mis expectativas para conmigo misma son desproporcionadas en relación a lo que, en este momento de mi vida, con mis recursos, conocimientos y habilidades, puedo conseguir.

Reconocer tus propios límites –físicos, mentales, emocionales, materiales, etc.- no es resignarte: es aceptar el punto en que te encuentras para saber dónde empezar a construir el camino por el que tendrás que transitar para ampliar esos límites que ahora tienes.

Por eso me hace mucha gracia cuando se habla de que no hay límites o de que todo es posible. Creo que es una simplificación demasiado burda que no ayuda nada, sino que más bien puede frustrarnos.

Yo creo que sí hay límites y que no todo es posible… a no ser que aceptemos esos propios límites y empecemos a construir a partir de ellos. Sólo así podremos expandirlos.

Por eso, cuando te estés preparando para hablar en público o comunicarte ante la cámara, es importante que reconozcas el punto en que te encuentras. ¿Cuánto puedes dar de ti mismo? O, mejor dicho, ¿cuánto estás dispuesto a dar de ti mismo?

Autoexígete tanto como estés dispuesto a dar en estos momentos. Reconoce tus limitaciones, respétalas e idea formas de superarlas un poquito cada día. No quieras hacerlo todo de una sentada.

Y alerta con las expectativas. Nuestras expectativas suelen ser inconscientes, y no nos damos cuenta de que las teníamos hasta que nos damos de bruces contra la realidad y tenemos que reconocer por la fuerza cuán lejos estaba nuestra imaginación de lo que realmente tenemos delante.

De las expectativas y las exigencias sobredimensionadas puede nacer el miedo escénico, del que probablemente sólo serás consciente antes de salir al escenario o ponerte ante la cámara.

Ahórrate esos miedos revisando tus expectativas y lo que te exiges

 

Irene
irene@tecomunicas.com

Apasionada de la literatura, especialista en copywriting y storytelling. Comunicadora nata. Quiero que te vuelvas a enamorar de tu negocio literario y lo haré poniendo mis herramientas a tu servicio para que aumentes tus ventas y consigas clientes recurrentes.

2 Comentarios
  • María
    Publicado a las 12:48h, 22 marzo Responder

    Me encanta el post, Irene. Yo siempre tuve miedo escénico hasta que lo logré superar gracias al coaching y la PNL. Hay un truco que me sirve mucho para rebajar los nervios antes de hablar en público: repetirme con energía afirmaciones positivas. La última vez lo hice y fue genial, un verdadero antídoto a los pensamientos negativos, simplemente porque no había espacio para pensamientos. Pero entiendo que es algo que me ha funcionado a mí, después de todo el trabajo de creencias que llevo hecho. Me encantará ver tu minicurso en vídeo. Por cierto, el tema de la autoexigencia me parece superimportante aquí. De hecho, hace poco hablaba de ello en mi blog: cuando nos exigimos demasiado lo que conseguimos es paralizarnos en vez de avanzar. La aceptación de mí misma es el primer paso.

    • Irene
      Publicado a las 15:48h, 22 marzo Responder

      Hola maría!

      Me alegra que el artículo te haya gustado. La PNL es, para mí, uno de los recursos más eficaces para gestionar el miedo escénico y transformar esa energía bloqueada en energía creativa.

      Fíjate que hasta hace nada yo no creía en las afirmaciones, y sin embargo he empezado a utilizarlas de forma natural, como por necesidad, en mi desarrollo personal. No sé si es que últimamente estoy más receptiva o más conectada conmigo misma, pero me sirven muchísimo para la vida.

      Un abrazo!

      Irene

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