inteligencia financiera

Hablemos de dinero: cómo estoy trabajando mi inteligencia financiera para valorarme como profesional

 

Dicen que los piscis somos soñadores por naturaleza. No sé si la regla se cumplirá con todos los que hemos nacido bajo ese signo, pero, desde luego, en mí sí que funciona.

Ya de niña era tan, tan soñadora que estaba convencida de que podría ganarme la vida haciendo lo que más me gustaba: escribir. La pequeña Irene quería ser escritora y ni se le pasaba por la cabeza que esa profesión no pudiera ayudarle a alcanzar un nivel de vida similar al que llevaba viviendo con sus padres.

Sin embargo, cuando era un poquito más mayor, alguien le dijo a Irene que nadie podía ganar dinero escribiendo. Que los escritores, como todos los artistas, sobrevivían con el dinero justo que sacaban de trabajos esporádicos y nunca relacionados con su arte. La escritura no daba para comer. Sólo dos o tres afortunados podían ganar dinero escribiendo: el resto estaban condenados a mantener a la escritura bien resguardada en la categoría de «afición». Y esta categoría nunca dio un céntimo a nadie.

La pequeña Irene se creyó esa teoría y la hizo suya, tan suya que se convirtió en su esclava.

Como Irene pensaba que no podría ganarse la vida como escritora, renunció a su deseo. Si quería tener una casa y mantener a una familia como hacían sus padres, obviamente no podía dedicarse a algo que no le diera dinero. Así que empezó a contemplar otras opciones, porque, aunque escribir era su pasión, implicaba la bancarrota, y eso le daba miedo.

Pero, aunque intentaba huir de la escritura para evitar la pobreza, las palabras perseguían a Irene y la empujaron a estudiar periodismo. En la facultad, los profesores también le dijeron muchas veces, a ella y a sus compañeros, que ganar dinero haciendo periodismo iba a ser cada vez más imposible en el siglo XXI.

El miedo de Irene a ser pobre era cada vez mayor. Por eso, cuando durante su último año de carrera empezó a recibir encargos de redacción y corrección de textos, Irene decidió vender su trabajo por cuatro duros. Así, al menos, se estaba asegurando un dinerillo; nunca se sabía cuándo podría llegar otro cliente loco que pensara que de verdad era necesario pagar a alguien por que le escribiese o le corrigiese un texto.

Con la excusa de que carecía de experiencia y de que esos encargos le servían sobre todo para aprender, Irene se pasó casi cuatro años malvendiendo su trabajo por miedo a no poder vivir de escribir, aun cuando sus experiencias exitosas con clientes y los cada vez más numerosos encargos que recibía le estaban demostrando que, tal vez, la idea de ganar dinero siendo escritora no era tan descabellada como le habían dicho cuando era pequeña.

 

El miedo al dinero gobierna nuestras vidas

La creencia de que no voy a ser capaz de ganar dinero haciendo lo que me gusta (que, en mi caso, es escribir, y, más en general, comunicar) ha gobernado mi vida.

Todos tenemos creencias limitantes con respecto al dinero. Las hay más o menos populares, más o menos enrevesadas, más o menos políticamente correctas. Cada cual tiene las suyas, y a veces están tan profundamente escondidas que nos hacen falta años para reconocerlas y darnos cuenta de cómo han condicionado nuestra vida hasta el momento.

Creo que el dinero es, por encima del sexo y de la muerte, el tema tabú por excelencia. No hay más que ver la cara que se le queda al 99% de personas si les preguntas cuánto ganan al mes o cuánto pagan por su alquiler. Hablar de dinero nos resulta incómodo, y a muchos les ofende hasta la médula. Como muchas personas evitan incluso pensar en el dinero, prefieren ignorar cuánto ganan y cuánto gastan mensualmente. Si esto supone un problema para un asalariado, imagínate cuando quien tiene una relación así con el dinero es un empresario que, por miedo a enfrentarse a los euros, descuida completamente la contabilidad de su negocio.

Nada de esto me resulta extraño si tenemos en cuenta que nadie nos ha educado financieramente. En el colegio nos enseñaron muchas matemáticas y mucha lengua, pero nadie nos explicó nunca cómo administrar nuestros ahorros, ni cómo hacer una declaración de la renta, o cuáles son las diferencias entre un activo y un pasivo.

Como nadie nos habló de nada de eso abiertamente, no hemos podido reflexionar sobre el dinero ni construir nuestros propios puntos de vista al respecto. No nos ha quedado más remedio que crecer con las creencias sobre el dinero que nos transmitieron nuestros padres con su ejemplo, mezcladas con las creencias sobre el dinero que flotan en la confusa atmósfera de la sociedad.

¿Te reconoces en alguna de estas creencias?

  • Ganar dinero es muy sacrificado
  • Hay que tener dinero para ser feliz
  • Cuanto menos dinero tenga, más feliz seré
  • Los ricos son malvados y avariciosos
  • Los pobres no tienen nada, pero al menos son buena gente
  • El dinero corrompe a las personas
  • Etc.

 

Lo que tienen en común todas esas creencias es que se basan en una emoción: el miedo. El miedo a no tener dinero (porque seré pobre e infeliz y me hundiré en la miseria), pero también el miedo a tenerlo (porque me corromperé o no sabré cómo gastarlo, o porque para tenerlo debo dejarme la piel y la salud); el miedo a perderlo o a ganarlo…

No sé si te habrás fijado, pero las personas que parecen más desapegadas del dinero son siempre las que más miedo y más apego le tienen. Hace unos meses, una amiga me dijo que ella no quería dinero, porque el dinero volvía malas a las personas y las despojaba de sus valores. Mi amiga alardeaba de esta actitud, porque sentía que la reafirmaba en su papel de persona alternativa, libre e independiente del sistema. De lo que no se daba cuenta era de que, al decir eso, no era ella la que hablaba, sino su miedo a ganar dinero porque:

  • Cree que no se merece ganarlo.
  • Cree que el dinero tiene el poder de convertirla en una mala persona.

 

En cualquier caso, mi amiga le estaba dando al dinero el poder de modificar sus actitudes en el mundo. No se daba cuenta de que el dinero ni es malo ni es bueno per se; el dinero sólo es aquello que creemos y hacemos de él las personas que lo utilizamos.

En el caso de las personas que trabajan por cuenta ajena, tener miedo u aprensión hacia el dinero es un problema, porque vivirán al día, se hipotecarán y dependerán de créditos y préstamos que las ahogarán cada vez más. Ésta no es una perspectiva demasiado atractiva. Pero también es cierto que, a menos que las despidan, esas personas recibirán el mismo sueldo todos los meses, así que al menos saben con seguridad con qué cartas van a jugar.

Ahora imagínate que, como yo, eres emprendedor, pequeño empresario o freelance, o como quieras llamarlo. En nuestro caso, la variable de la incertidumbre es mucho más evidente. ¿Qué pasa si, además, tenemos miedo al dinero, o no queremos saber nada de él, o mantenemos con él una relación de amor-odio? Nuestro negocio, tarde o temprano, flaqueará por esa pata, que es una de las que sí o sí lo sustentan. A menos que nos demos cuenta de ello, nuestras creencias limitantes con respecto al dinero nos impedirán prosperar.

 

Inteligencia financiera: mi propósito de 2017

Los autoempleados decidimos nuestras tarifas y nuestro sueldo. Si ahora mismo no estamos obteniendo los resultados económicos que creemos que deseamos, seguramente uno de los factores que está en la ecuación es la mala relación que tenemos con el dinero.

A mediados de 2016, tras asistir a un seminario de Sergio Fernández, empecé a darme cuenta que algo no marchaba bien en mi relación con el dinero. De todo el seminario, la parte que menos me había interesado había sido, precisamente, la de inteligencia financiera. Me pasé las tres horas que duró mirando el reloj y deseando que pasáramos a lo siguiente. Sin embargo, al mismo tiempo algo dentro de mí me decía que no era que aquello no tuviera nada que ver conmigo, sino más bien al contrario: tenía tanto que ver, que mi mente se agobiaba y se bloqueaba a sí misma para no tener que enfrentar todos los aprendizajes que había ahí para mí.

No sé si a ti te pasa lo mismo, pero, cuando en mi mente entra un minúsculo bit de información, el efecto bola de nieve es imparable; en mi inconsciente esa información empieza a asociarse con otras ideas, y, sin que yo me dé cuenta, un aprendizaje se fragua dentro de mí. Y eso pasó con las ideas sobre inteligencia financiera. Durante los meses posteriores al seminario, comencé a ser consciente de más y más creencias y actitudes limitantes con respecto al dinero. A finales de año, estaba viendo claras tantas cosas que hasta el momento había pasado por alto que decidí que uno de mis objetivos de 2017 sería trabajar mi inteligencia financiera.

2017 coincidió con el relanzamiento de Tecomunicas. Sin querer, me había puesto a mí misma una prueba de fuego: posicionarme como copywriter y correctora profesional en mi propia página web y evitar volver a vender mis servicios profesionales a precio de risa, lo que implicaba, necesariamente, poner mucha atención en mis creencias limitantes con respecto al dinero y en mi relación de miedo / amor / odio con él.

Pero 2017 está coincidiendo también con un cambio importante a todos los niveles, y es que he dejado mi ciudad, Valencia, para venirme a vivir a Madrid. En primer lugar, ya sabía que Madrid es considerablemente más cara que Valencia; pero, además, me daba cuenta de que las primeras semanas en mi nueva ciudad iban a ser caóticas por muchos motivos, lo que repercutiría en un descenso de mis horas productivas y, por tanto, en mi capacidad para generar ingresos.

En realidad, para mí, todos estos retos no son problemas, sino oportunidades para darme todavía más cuenta de dónde están mis miedos y mis creencias limitantes en cuanto al dinero. Así que durante estas primeras semanas de 2017 me he dado cuenta de cosas como:

  • Mi miedo a mirar mi cuenta bancaria básicamente es miedo a mi futuro. Si tengo miedo a saber cómo van mis finanzas personales, significa que no tengo la suficiente confianza en que las cosas me van a ir bien, sobre todo profesionalmente.
  • La «casualidad» de que en mi cuenta siempre haya el mismo dinero, 100€ más arriba o más abajo. Desde que me independicé, siempre he dispuesto de la misma cantidad de dinero. Antes me parecía curioso, pero ahora me doy cuenta de que algo tan «casual» tiene que responder, sí o sí, a una barrera mental. De alguna manera, no me permito superar esa cantidad, tal vez porque creo que no me lo merezco o que no seré capaz de gestionar mi dinero si supero esa cifra.
  • Mi tendencia a bloquearme cuando considero que algo es «caro». No me considero ni consumista ni caprichosa, pero reconozco que a veces me frustro si dejo de hacer algo porque lo considero «caro». Estos meses me he dado cuenta de que, cada vez que me digo «no puedo porque es caro», estoy poniendo impedimentos a la posibilidad de conseguir ese algo. Hace poco escuché una frase de Raimon Samsó que tiene que ver con esto: «Cuando algo me parece caro, en vez de enfadarme por ello, me pregunto qué puedo hacer para conseguirlo».
  • Otra tendencia muy curiosa: la de autoconvencerme de que yo necesito poco para vivir. Esta creencia está muy bien si es sincera, pero es un autoengaño si se basa en el miedo a que el dinero te corrompa o en la pereza a hacer lo que tendrías que hacer para ganar el dinero que realmente quieres ganar. Creo que, en mi caso, había un poco de miedo y un poco de pereza.

 

Simplemente poniendo atención en mi relación con el dinero he descubierto muchísimas cosas sobre mí que no sabía, y he empezado a darme cuenta de las actitudes hacia el dinero de otras personas.

Mi conclusión principal es que el 99% de personas vivimos esclavizadas por nuestras propias ideas sobre el dinero. El dinero no es lo negativo; lo negativo es la responsabilidad que delegamos en él y lo que pensamos al respecto: acerca de lo que puede hacernos o de en qué nos puede convertir, tanto su falta como su presencia.

Casi nadie disfruta de la llamada «libertad financiera», que, más que estar basada en tener el dinero que uno quiere tener, para mí significa estar libre de creencias limitantes, de culpa, de miedo, de avaricia, etc. con respecto al dinero.

Al poner conciencia en mi relación con el dinero no sólo he empezado a sanarla, sino que además han empezado a suceder cosas mágicas:

  • Me estoy atreviendo a valorar mi trabajo como creo que debe ser valorado. Esto quiere decir que, por fin, no tengo miedo a pedir por un encargo el dinero que sé que merezco como profesional. Antes, el solo hecho de hablar de dinero con un posible cliente me ponía nerviosa. Ahora estoy incluso empezando a disfrutar de ese tema de conversación.
  • He empezado a recibir peticiones de presupuestos de clientes que sí están dispuestos a pagar las tarifas que me he puesto a mí misma. Antes, si alguna vez me atrevía a dar un presupuesto «real», en seguida me rechazaban. Ahora veo que eso pasaba porque, sin darme cuenta, me estaba dirigiendo a personas que, como yo, mantenían relaciones poco sanas con el dinero.
  • No me deprimo cuando alguien me rechaza un presupuesto porque le parece caro. Incluso disfruto cuando esto sucede, porque sé que cuando alguien no quiere pagar mis tarifas estoy abriendo la puerta a otras personas que sí van a querer pagarlas muy a gusto.

 

¿Quieres que te valoren como profesional? Trabaja tu inteligencia financiera

Probablemente, la lección más valiosa que he aprendido en lo que llevamos de año es ésta:

Si quieres que los demás te valoren como profesional, primero tienes que valorarte tú a ti mismo. Y, para eso, tienes que trabajar tu inteligencia financiera.

Estoy emocionada, porque después de muchos años como emprendedora y freelance en los que he visto cómo mi cuenta no menguaba pero tampoco crecía, en los que me enfadaba conmigo misma una y otra vez al ver que los encargos que aceptaba me salían a unos tres euros la hora, en los que un «no» de un posible cliente me hacía cuestionarme mi profesionalidad… ahora, por fin, veo que todo depende de algo en lo que yo tengo voz y voto y en lo que puedo intervenir, que es mi inteligencia financiera.

Durante estas primeras semanas de 2017 he llevado a cabo varias estrategias para valorarme a mí misma como profesional. Así que, si tú también quieres empezar a reconocer que el trabajo que haces es muy bueno y quieres ponerle el precio que te mereces, esto es lo que te recomiendo:

  • Observa tus creencias y pensamientos sin juzgarlos ni intentar cambiarlos. Toma conciencia de tu diálogo interno con respecto al dinero. Date cuenta de lo que te dices y cómo te lo dices. ¿Qué sientes y piensas cuando ves que algo es demasiado caro para ti? ¿Cuánto tardas en gastarte el dinero que pasa por tus manos? ¿Te premias con caprichos caros cuando estás deprimido o cuando consideras que has hecho algo bien? Simplemente date cuenta de qué crees con respecto al dinero y de hacia dónde te están llevando esas creencias. Nunca intentes cambiarlas; no luches contra ellas, porque tomarán todavía más fuerza. Sólo obsérvalas y, con el tiempo, se transformarán por ellas mismas.
  • Fórmate. Hay decenas de seminarios y libros sobre inteligencia financiera que te ayudarán a ahondar en tu mentalidad con respecto al dinero. El referente mundial es Robert Kiyosaki, autor de Padre rico, padre pobre, el primer libro de inteligencia financiera que he leído. A mí su enfoque me parece algo alejado de los valores humanos, pero está bien para obtener unas primeras nociones. Para profundizar en el tema, el referente en España es Raimon Samsó, conferenciante y autor de El código del dinero.
  • Relaciónate con gente que sea libre financieramente. Esto no quiere decir que sean ricos, aunque considero que, por lo general, la gente que se ha liberado de miedos y culpas con respecto al dinero tienen más papeletas para disponer de mucho más dinero que aquellos que viven esclavizados por sus creencias limitantes. Acércate a este tipo de personas. Siempre son muy inspiradoras y, como saben que la riqueza es ilimitada (tanto la riqueza económica como la riqueza de ideas y conocimiento), la comparten con quienes están a su alrededor.

 

Si te interesa este tema de la libertad financiera y de las creencias limitantes sobre el dinero, cuéntamelo en los comentarios para que pueda escribir más sobre ello. De paso, dime qué creencias has detectado que tienes tú, o qué hiciste para transformarlas en otras que te ayudasen a conseguir tus objetivos profesionales.

Irene
irene@tecomunicas.com

Apasionada de la literatura, especialista en copywriting y storytelling. Comunicadora nata. Quiero que te vuelvas a enamorar de tu negocio literario y lo haré poniendo mis herramientas a tu servicio para que aumentes tus ventas y consigas clientes recurrentes.

8 Comentarios
  • Cristina
    Publicado a las 13:11h, 22 febrero Responder

    Bravo Irene, me ha gustado mucho tu post!

    Me encuentro con frecuencia con que alguna gente se escandaliza cuando digo que me gusta el dinero, precisamente enlazando con lo que me comentas sobre la amiga que se reafirmaba en su actitud de independiente. A mí también me ayuda a reafirmarme en esa actitud pero a la inversa: considero que decir «SÍ, ME GUSTA EL DINERO y trabajo para conseguirlo» es de lo más punk-rock que se puede decir hoy en día.

    Un besazo y gracias por compartir!

    P.D. Me encantó conocerte en persona el pasado viernes 😉

    • Irene
      Publicado a las 07:58h, 23 febrero Responder

      Hola Cristina!
      Ole, ¡a mí también me gusta el dinero! Y me gusta todo lo que me permite hacer: vivir experiencias nuevas, ser generosa conmigo y con los demás, viajar, formarme… Estoy completamente de acuerdo contigo en que decir esto es lo más punk-rock del momento, ¡jaja! Desde luego, la creencia social imperante es que el dinero es malo y hace a la gente mala, así que cualquier aseveración que vaya en otro sentido es subversiva.
      A mí también me encantó conocerte. Ahora que somos vecinas, podemos repetirlo a menudo!
      Un abrazo!
      Irene

  • Iziar de la Fuente
    Publicado a las 19:00h, 22 febrero Responder

    Me parece fascinante este tema. Muchas gracias por compartir tus aprendizajes.
    Creo que es un tema que no se trabaja mucho en general. Yo personalmente no lo he hecho nunca, mientras que sí me he trabajado mi relación con mi profesión o mis relaciones personales, el dinero es algo que voy dejando de lado y quizás sea el origen de mis bloqueos.
    En mi caso, me doy cuenta de que no me lanzo a iniciar mis proyectos porque me da miedo tener deudas ni tener como pagarlas. Tampoco me atrevo a vivir sola e independiente porque tengo miedo de no ser capaz de pagar todo lo necesario.
    Tampoco sé muy bien cómo resolver estas creencias porque me inhabilitan para ir en la dirección que a mí me gustaría.
    Ahora con tu post tengo unas primeras referencias para ir trabajando en ello, así que muchas gracias!!

    • Irene
      Publicado a las 08:08h, 23 febrero Responder

      Hola Iziar! Qué bien verte por aquí 🙂
      Es súper curioso que nadie nos enseñe a trabajar nuestra relación con el dinero, siendo que es algo que está tan presente en nuestro día a día. O tomamos las riendas del tema, o nadie lo va a hacer por nosotros.
      En mi experiencia, la manera en que he derribado las creencias que más me limitaban ha sido siempre pasando a la acción, arriesgando. Por ejemplo, vencí mi miedo a endeudarme montando mi primer proyecto emprendedor. Cuando me independicé también estaba muerta de miedo, pero intuía que la única manera de superar esa inseguridad era yéndome de casa y poniéndome a prueba. Y lo mismo con venirme a vivir a Madrid 🙂
      Yo siempre pienso en algo que me ayuda bastante: ¿Qué es lo peor que me puede pasar? En el caso de quedarme sin dinero por apostar por un proyecto personal, podría ser trabajar en algo que no me apasiona durante unos meses hasta recuperar la inversión. En el caso de no poder mantenerme independiente, volver a casa de mis padres también durante unos meses.
      Cuando me atrevo y voy hacia adelante a pesar de los miedos (sean económicos o de cualquier otra índole), siempre suceden cosas muy mágicas. La vida se encarga de empezar a juntar piezas que antes estaban separadas para construir una pasarela por la que puedas caminar sin caerte. Esto suena muy mágico, pero no puedo explicarlo de otra manera… el resumen sería que, cuando confías y ves que, en realidad, no hay nada que perder porque todo, en el fondo, es ilusiorio, la vida se encarga de sostenerte 🙂
      A mí el tema de la inteligencia financiera también me encanta. ¡Hay mucho que aprender! Ahora voy a empezar a leer «El código del dinero», de Raimon Samsó. Ya contaré.
      Un abrazote!
      Irene

  • Clara Maldonado
    Publicado a las 22:11h, 22 febrero Responder

    Anda la osa, me alegro mucho de que haya más gente cerca que también está haciendo este trabajo con sus creencias sobre el dinero. Yo llevo trabajando mi inteligencia financiera desde finales del 2015 y me parece apasionante. Los cambios que sufre el cerebro a largo plazo son fascinantes, y cómo repercute positivamente en la vida… es un placer. Estoy segurísima de que vas a llegar lejísimos. Llegaremos. A ver si en un paseo o algo compartimos los detalles de nuestro aprendizaje 🙂 ¡Sigue así!

    • Irene
      Publicado a las 08:15h, 23 febrero Responder

      Hola Clara!
      Pues sí, por fin me he animado a trabajar este tema, después de que la vida me lo estuviera pidiendo a gritos desde hacía mucho tiempo 😉
      La verdad es que, con poquito que nos fijemos en nuestras creencias sobre el dinero, empiezan a aparecer muchísimos cambios potentes. Si pienso en cómo habrá cambiado mi mentalidad dentro de un año de trabajo de inteligencia financiera, me entra hasta vértigo.
      Ojalá todo el mundo se acercase un poquito a estos temas. Tenemos mucho que aprender como individuos y como sociedad.
      Y sí, un día nos contamos aprendizajes con un café!
      Abrazo!
      Irene

  • Sinai Carrasco
    Publicado a las 02:56h, 05 marzo Responder

    ¡Hola Irene!
    Me encanta conocerte, soy pisciana, soñadora, copywriter, emprendedora y buscadora de mi libertad financiera también. Así que tenemos muchas cosas en común. Estaré pendiente de tus entradas. Te invito a entrar a mi casa web El Nuevo Entrepreneur, seguro hay temas que te interesarán.

    • Irene
      Publicado a las 09:47h, 06 marzo Responder

      Hola, Sinai!

      Gracias por pasarte por aquí; encantada de conocer a otra pisciana soñadora como yo 🙂 Veo que tenemos mucho en común, sí!

      Voy a darle una vuelta por tu web. Un abrazo!

      Irene

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