Cómo ser natural en vídeo: mi experiencia

cómo ser natural en vídeo

Una de las barreras más comunes que pueden impedirte ponerte ante la cámara es el miedo a no ser natural en vídeo.

No sería raro que, debido a este miedo, estés postergando el momento de ponerte a grabar vídeo para tu negocio 2.0.

Crees que, en 20 segundos, la gente pensará que eres un farsante porque no sabes transmitir tus ideas con naturalidad.

O que te pedirán un reembolso de tus cursos en vídeo porque no puedes transmitir lo que sabes sin parecer un mal actor de telefilme.

De hecho, ya has hablado con varios clientes por Skype e incluso en videoconferencia sientes que no eres tú el que está hablando.

Cuando los potenciales clientes han rechazado tus servicios, inmediatamente has pensado que se debía a tus terribles actuaciones por Skype: al hecho de no ser natural.

Tranquilo. Es perfectamente normal que te sientas así, ya que no naciste con una cámara de vídeo bajo el brazo y el medio audiovisual todavía te resulta desconocido y, por tanto, incómodo.

Pero esto es como todo. Puedes quedarte dando vueltas alrededor de tu miedo o coger el toro por los cuernos y buscarle soluciones.

Buscar soluciones fue lo que hice yo cuando me di cuenta de que no podía seguir permitiéndome sentirme mal conmigo misma cada vez que me veía grabada en vídeo.

Me encontraba falsa, impostada, con la naturalidad y la autenticidad por los suelos.

No era yo. Parecía que, cuando había una cámara grabándome, me poseía un espíritu boicoteador que sacaba lo peor de mí.

Para llegar a ser natural en vídeo he tenido que recorrer un camino de retos que me ha obligado a saltar por encima de mis supuestas limitaciones.

Hoy te traigo mi experiencia para que dejes de dar palos de ciego y sepas claramente qué hacer para empezar a ser natural en vídeo desde hoy mismo.

 

Cómo ser natural en vídeo: mi experiencia

#1 Cuando dejé de pelearme conmigo misma

No eres natural en vídeo. Es un hecho.

Tú lo sabes y, a pesar de ello, de alguna manera niegas la evidencia. “¡No puede ser que no me vea natural! ¡A mí no me puede pasar esto!”.

Pero la negación te lleva a uno de estos resultados:

  1. Te decepcionas contigo mismo y te cierras en banda ante la posibilidad de volver a grabarte.
  2. Te enfadas contigo mismo y haces pruebas en vídeo una y otra vez, cada una con peores resultados que la anterior porque a medida que te grabas estás más enfadado y más perdido.

Ni la opción A ni la opción B van a hacer que mejores. Solo te harán sentirte más frustrado y más inseguro de tus propias posibilidades.

Yo grabé mis primeros vídeos cuando estaba estudiando Periodismo. Era consciente de que, cuando me ponía ante la cámara, me convertía en otra persona que no tenía nada que ver con mi verdadera personalidad.

Pasé varios meses en lucha conmigo misma por este tema. “No quiero no ser natural, no quiero no ser yo, esto no me puede pasar a mí, una futura periodista”.

¿Resultado? Frustración y enfado hacia mí misma.

¿Y por qué? Porque, aunque reconocía que no era natural ante la cámara, no aceptaba que fuera así. A mí eso no me podía pasar: yo tenía que hacerlo perfecto desde el principio.

Pero sí: todos tenemos limitaciones, y el primer paso para superarlas es reconocer que están ahí y hacer las paces con ellas.

No nacemos sabiendo hacerlo todo bien, pero sí podemos aprender. La capacidad de aprender nunca se pierde.

Antes de nada, acepta que no eres natural en vídeo. Acepta que tendrás que aprender a buscar tu propia naturalidad y tu estilo comunicativo personal.

Verás como, con este primer punto aclarado, todo es mucho más fácil.

 

#2 Cuando descubrí mis puntos fuertes como comunicadora

El sistema educativo nos alimenta con la creencia de que todos somos iguales.

La igualdad social (que hoy sigue siendo cuestionable) se confunde con la igualdad de capacidades, talentos y pasiones.

Por eso solemos crecer pensando que no tenemos nada especial ni destacable. Creemos que, lo que hacemos y sabemos, lo hace y lo sabe cualquiera.

Pero no siempre es así. Todos tenemos talentos y capacidades únicos que nos conviene reconocer para luego sacar partido de ellos.

Yo, como a lo mejor tú también, crecí pensando que no tenía nada especial. Que era, en todos los aspectos, como el resto de personas de mi edad.

Por eso cuando me ponía delante de una cámara no sabía dónde acudir para hacer algo que mereciera la pena y desanclarme de ese miedo a no verme natural.

No sabía dónde estaban mis puntos fuertes ni mis capacidades, aquello que me hacía especial como persona y, más específicamente, como comunicadora.

Más tarde, fui alumna de teatro y de oratoria. Mis profesores, a través de distintos ejercicios, me ayudaron a reconocer esos puntos fuertes que me hacen una comunicadora distinta (como tú también tienes los tuyos, aunque aún no lo sepas):

-Mi presencia escénica, muy segura y cercana.

-Mi voz, que he aprendido a modular.

-Mi capacidad de hacer didáctica cualquier exposición.

En lugar de empollarme manuales de lenguaje no verbal y utilizar técnicas de libro sobre cómo colocar las manos, qué chistes hacer o hacia dónde mirar, mis profesores me ayudaron a detectar y potenciar mi propio estilo.

Encontré mi propio lenguaje corporal y quité el polvo a las técnicas que yo ya traía incorporadas de serie y que sólo hacía falta desenterrar y pulir.

Ahora yo trabajo así con mis alumnos: no les pido que imiten ciertos gestos, no les digo qué hacer… sino que les guío para que ellos descubran qué es lo que ya saben hacer y que les funciona, porque es suyo.

Reconocer mis puntos fuertes como comunicadora me ayudó a saber en qué apoyarme cuando me sintiera insegura ante la cámara y contribuyó a que, poco a poco, pudiera ser natural en vídeo.

 

#3 Cuando descubrí mis valores capitales

Este punto está estrechamente relacionado con el anterior.

Para explicártelo, quiero que pienses en tu grupo de amigos.

Trae a tu mente a cada una de las personas que lo integran.

Piensa ahora en las aficiones de cada una de ellas. ¿Qué les gusta hacer? ¿A qué dedican su tiempo?

Puede que a Martín le encante el fútbol, a Ana el cine, a Juan la moda y a ti escuchar música rock de los años 70.

Puede que sólo quedéis para tomar café o para cenar, porque tenéis aficiones tan dispares que Martín nunca iría a un concierto contigo y Ana pasa de acompañar a Juan a los desfiles.

Pero, si seguís viéndoos y quedando, es porque, por encima de las aficiones, os une algo más.

Ese algo más son los valores. Tú y tus amigos dais una importancia similar a ciertas cualidades e ingredientes de la vida.

Puede que entre esos valores estén la cultura, la diversión, la lealtad o la propia amistad.

Cuando reconocí mis valores capitales, obtuve una pista de mucha calidad para saber cómo comportarme ante la cámara.

Algunos de esos valores importantes para mí son la honestidad, la curiosidad y el aprendizaje.

Esos valores han funcionado como una hoja de ruta en mi comunicación ante la cámara.

Haber trabajado a fondo sobre ellos me ha ayudado a saber qué comunicar y, sobre todo, cómo comunicarlo de una manera auténtica, conectando con mi propia naturalidad.

¿Cuáles son tus valores capitales? ¿Cómo podrías aplicarlos a tu comunicación en vídeo para ser natural ante la cámara?

 

#4 Cuando conecté con mi cuerpo y mis emociones

El ritmo acelerado de vida que llevamos ha conseguido que estemos casi totalmente centrados en nuestra mente, en lo intelectual.

Todos los días tenemos que hacer planes, resolver problemas, agendar tareas y dar respuestas prácticas a cuestiones rutinarias.

Esto, que es necesario, nos limita para otros menesteres, como comunicarnos de forma eficaz, desde el corazón, con los demás.

En nuestra aceleración constante, hemos anulado dos partes esenciales de nosotros mismos: el cuerpo y las emociones.

Incluso el cuidado del cuerpo se ha vuelto mecánico, y la mayoría sólo le hacemos caso para someterlo a ejercicios repetitivos en el gimnasio, ejercicios que no nos ayudan a comprender el funcionamiento y las reacciones de nuestro cuerpo.

También hemos mecanizado las emociones: parece que ya sólo sentimos los extremos, como la euforia y la rabia, y nos perdemos toda la escala de grises que hay entre ambas.

De hecho, algunas personas sólo consiguen emocionarse viendo películas catárticas, porque en su día a día son incapaces de sentir nada.

Algo así me pasaba a mí. Siempre he estado apuntada a mil actividades, he tenido mil aficiones, he ido de aquí para allá estudiando y trabajando…

Y eso, aunque me hacía feliz, también me restaba tiempo para, simplemente, estar conmigo misma, con mi cuerpo y con mis emociones.

Llegó un punto en que prácticamente no sabía cómo funcionaban. ¿Cuáles eran mis reacciones genuinas? ¿Qué estímulo provocaba qué respuesta?

Y… ¿cómo podía pretender ser natural en vídeo si desconocía qué teclas apretar para ser simplemente yo?

Los distintos ejercicios de pedagogía teatral y oratoria que realicé cuando estudié ambas materias me ayudaron a reconectar con mi cuerpo y con mis emociones y a utilizarlas a mi favor.

Esto me ayudó a ser natural en vídeo, porque por fin podía utilizar mi cuerpo, mi voz y mis emociones como herramientas comunicativas que podía manejar conscientemente.

Podía modular mis emociones sin sobreactuarlas, sino sintiéndolas como algo real y genuino que surgía desde mi interior.

Para ser natural en vídeo, recuerda: reconecta con tu cuerpo y con tus emociones y ponlos a tu servicio para ser tú quien los gestione, y no ellos los que te esclavizan a ti.

 

#5 Cuando superé el miedo escénico

Recuerdo las primeras clases de hablar en público a las que asistí.

Media hora antes de que fuera mi turno de exposición, mi corazón ya latía desbocado y no podía controlar mis pensamientos catastrofistas.

El cuadro era total, porque no sólo hablaba en público sino que además había una cámara grabándome para que después yo también pudiera verme en vídeo y estudiar mi comunicación.

Y lo que vi grabado las primeras veces no se parecía en nada a la imagen que yo tenía de mí misma cuando me comunicaba.

No reconocía mi voz, mis movimientos. La sensación de “ésa no soy yo” era muy desagradable.

Esto hacía que la ansiedad creciera cuando pensaba en ponerme delante de una cámara.

Pero, a medida que avanzaba en el curso y veía más de mis vídeos, me iba pareciendo menos extraña ante mí misma.

Como ya sabía cómo era yo ante la cámara, dejaba de tener miedo a salir y, simplemente, comunicar a mi estilo.

Descubrí que mi miedo escénico era pura inseguridad en mis capacidades.

Como al principio no sabía cuáles eran, como no sabía todo lo que era capaz de hacer, no podía confiar en hacer un buen papel sobre el escenario.

Gracias a un método de autoevaluación que aprendí en clase (y que ahora yo también enseño a mis alumnos) pude descubrir todos mis puntos fuertes y mis puntos de mejora para trabajar sobre ellos.

Y, reconociéndolos, el miedo escénico desapareció.

No es el público o la audiencia de tu vídeo los que hacen que te suden las manos o que tengas taquicardia.

Eres tú mismo. El miedo que te creas te impide ser natural, porque te fuerza a tratar de esconder tus supuestos defectos.

¿A que sólo puedes ser cien por cien tú mismo con los demás cuando los conoces bien y te acostumbras a su compañía?

Lo mismo pasa con el vídeo. A medida que te conozcas mejor a ti mismo, irás ganando naturalidad en un medio que ahora te es hostil y te da miedo.


Ser natural en vídeo es algo que puedes conseguir.

Por eso, no des por imposible tu objetivo antes de caminar hacia él con pasos firmes y seguros.

Si ahora mismo estás frustrado contigo mismo por no ser natural en vídeo, haz borrón y cuenta nueva.

Reconcíliate contigo mismo y piensa: ¿Qué estás haciendo para lograr ser natural en vídeo?

Probablemente estás repitiendo una y otra vez las mismas estrategias sin variarlas un ápice, y así es difícil que obtengas resultados diferentes a los de siempre.

Prueba a aplicar las enseñanzas que a mí me sirvieron. Hazlo a tu manera, siendo fiel a tu propio estilo pero flexibilizando lo suficiente como para salir de tu zona de confort y atreverte a probar soluciones diferentes.

Y, si te sientes perdido, ya sabes que estoy aquí para echarte un cable en tu camino para ser natural en vídeo.

Ahora cuéntame tú. ¿Te ves auténtico en vídeo? ¿Qué crees que podrías hacer para ser natural ante la cámara? ¿Qué estrategias has probado hasta ahora para conseguir tu objetivo? El espacio de comentarios, como siempre, está abierto para ti.

Irene
irene@tecomunicas.com

Apasionada de la literatura, especialista en copywriting y storytelling. Comunicadora nata. Quiero que te vuelvas a enamorar de tu negocio literario y lo haré poniendo mis herramientas a tu servicio para que aumentes tus ventas y consigas clientes recurrentes.

17 Comentarios
  • Álex Inteligencia Narrativa
    Publicado a las 12:20h, 03 noviembre Responder

    ¡Hola Irene!

    Yo creo que estamos tan acostumbrados al derroche de confianza de los presentadores y personajes de la tele que, sin darnos cuenta, nos comparamos con ellos y pretendemos ser igual de naturales desde el primer momento. Si no tuviésemos con qué comparar un mal video, no nos costaría tanto subirlo.

    Un saludo.

    • Irene
      Publicado a las 22:00h, 03 noviembre Responder

      Hola Álex!

      ¿Sabes qué es lo curioso? ¡Que muchos presentadores ni siquiera son naturales! Y, tratando de imitarlos, como bien dices, perdemos nuestra propia naturalidad, ¡que ya la teníamos ganada desde el momento en que nacimos!

      El hombre es un animal de comparaciones… si abandonásemos aunque fuera un poquito el hábito de compararnos, nos iría mucho mejor en todos los aspectos.

      Un abrazo!

      Irene

  • María
    Publicado a las 14:20h, 03 noviembre Responder

    Hola Irene. Como siempre, me ha encantado tu artículo. Creo que es un tema muy muy interesante y útil para todo el que se quiera poner delante de una cámara. Incluso gente muy buena en lo suyo pero que aun no ha dado el paso al vídeo, se siente insegura y como bien dices, es totalmente normal.

    Recuerdo que la primera vez que me vi hablando en público en un vídeo (me habían grabado en mi curso de coaching), me vi tan mal, que sentí una verdadera vergüenza, no pude ni terminar de verlo.

    Me decía exactamente lo que pones en este post: no era yo, yo no soy así, no me muevo ni gesticulo de esta manera… Y me entró casi fobia después de esa primera ocasión.

    ¿Qué me ayudó a superarlo? El mismo coaching y PNL: creer en mí misma, aceptarme como soy y valorarme por lo que sé, en lugar de focalizarme en lo que no sé o no se me da bien (todavía). Trabajé mucho con creencias, pero en mi caso particular fue un trabajo más a nivel de autoestima que otras cosas.

    En cuanto me acepté y pensé que soy perfecta como soy, sin necesidad de ser de otra manera, empecé a fluir.

    Por supuesto que me falta mucho por mejorar y aprender, y por eso estoy en tu blog 😉 Me falta ganar aún más soltura, aun más confianza. Pero confío en la práctica y en el aprendizaje.

    Por cierto, comparto tus valores, así que si un día estás por Madrid, me encantará tomarnos un café y conocernos (o si yo voy a Valencia, que es donde creo estás, si no, corrígeme).

    Un abrazo!

    • Irene
      Publicado a las 22:04h, 03 noviembre Responder

      Hola María!

      Exactamente, una de las cuestiones en las que creo que conviene incidir es la de las creencias y la autoestima. Para mí, quererme implica reconocer que no soy perfecta, y que, de hecho, no es necesario que lo sea. Y pensar esto me ha costado un montón, y no puedo decir que me haya librado totalmente de esa autoexigencia tan dañina, pero ¡en ello estamos! Lo bonito es ir evolucionando y cerrando capítulos que no nos dejan avanzar.

      La práctica y el aprendizaje hacen maestros, o al menos yo lo he visto en muchas personas de mi alrededor. Y sobre todo, una práctica que incluya probar estrategias nuevas, porque si hacemos lo mismo una y otra vez esperando resultados distintos, entonces es que estamos locos! (O eso decía Einstein, por lo que dicen).

      Cuando vaya por Madrid tienes una quedada! Ahora ya no vale echarse atrás, que lo sepas! Y si vienes a Valencia, te espero 🙂

      Un fuerte abrazo!

      Irene

      • francisco
        Publicado a las 01:19h, 04 noviembre Responder

        Soys las dos la bomba. Irene vaya pedazo de artículo, me encantó. Yo hice un curso de comunicación y cuando veo los vídeos del principio pienso, ¿quien es ese metido en mi cuerpo? Vergonzoso. Pero tiene que ser así, poco a poco. Gracias

        • Irene
          Publicado a las 09:01h, 04 noviembre Responder

          Hola Francisco! Qué bien verte por aquí! 🙂 Lo mejor para no “odiarnos” las primeras veces que nos vemos en vídeo es disociarnos lo máximo que podamos al ver nuestras grabaciones. Mirarlas como si no fuéramos nosotros los que estamos ahí. De esa manera no sólo nos desimplicamos emocionalmente, sino que somos más capaces de analizar tanto los puntos fuertes como los puntos de mejora.
          Pero, como dices, ¡poco a poco! Un abrazo!

          Irene

  • Dominique
    Publicado a las 12:44h, 08 noviembre Responder

    Hola Irene

    Me ha gustado mucho tu artículo, pues sé muy bien que si no gestionamos bien nuestras emociones como por ejemplo, el miedo, el pánico y otras, nos pueden hacer la vida imposible.

    Enhorabuena, por demostrar que si la persona se lo propone, se puede controlar las emociones tanto positivas como negativas, para vivir mucho más feliz, que en definitiva para eso hemos venido a este mundo. ¿No crees?

    Un abrazo
    Dominique

    • Irene
      Publicado a las 13:26h, 08 noviembre Responder

      Hola, Dominique!

      Pues sí, al final el gran objetivo es ser felices todo el tiempo que podamos. Para mí, ponerme delante de una cámara o delante de un público dispuesto a escucharme son dos grandes oportunidades para aumentar un poquito mi felicidad. Estamos aquí para compartir, y cuanto más capaces seamos de compartir desde nuestra propia autenticidad, mucho mejor 🙂

      Gracias por pasarte, y un abrazo!

      Irene

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    Publicado a las 20:07h, 19 noviembre Responder

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  • Luis Fernando Arteaga
    Publicado a las 18:29h, 28 noviembre Responder

    Excelente el aporte de tu experiencia. El pánico escénico nos invade a todos hasta cuando decidimos enfrentarlo y un ratico más. Gracias por tu post.

    • Irene
      Publicado a las 18:48h, 28 noviembre Responder

      Hola Luis Fernando!

      Pues sí. Al final, todo se reduce a una decisión personal. El resto, muchas veces, son excusas que nos ponemos para no enfrentarnos a nuestros propios miedos.

      Un abrazo y gracias por pasarte!

      Irene

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    Publicado a las 09:30h, 24 diciembre Responder

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